El archivo adjunto sigue siendo la vía más usada para colar un programa dañino en una empresa. No porque la gente sea descuidada: porque el archivo llega con una excusa creíble —una factura, un albarán, un currículum— y abrirlo parece parte del trabajo.
Las extensiones que nunca deberías abrir sin pensar
- .exe, .scr, .bat, .cmd, .msi: son programas. Nadie te manda un programa por correo sin avisarte antes por otra vía.
- .js, .vbs, .ps1: son órdenes que se ejecutan solas.
- .zip y .rar con contraseña: la contraseña en el cuerpo del correo no es una cortesía, es para que el antivirus no pueda mirar dentro.
- .docm, .xlsm: documentos de Office con macros. La «m» final es la diferencia.
El truco de la doble extensión
Windows oculta las extensiones conocidas por defecto. Un archivo llamado factura.pdf.exe se muestra como factura.pdf, con su icono y todo. Activa en tu sistema la opción de ver las extensiones de archivo: se hace una vez y te deja ver lo que hay de verdad.
Si el documento te pide «habilitar el contenido»
Ese botón amarillo no es un requisito técnico: es lo que activa las macros. Un presupuesto, una factura o un currículum no necesitan macros para verse. Si te lo pide, cierra el documento.
Antes de abrir, dos preguntas
¿Esperaba yo este archivo? ¿Tiene sentido que esta persona me lo mande hoy? Si la respuesta a alguna es no, coge el teléfono y pregunta. Treinta segundos de llamada frente a un día de trabajo perdido.
Y una red de seguridad
Ten copias de seguridad y comprueba que se restauran. La mayoría de los adjuntos dañinos hoy cifran tus archivos y piden un rescate: con una copia reciente, ese chantaje se queda en un susto.
Basado en la información divulgativa del INCIBE, reescrito por el equipo de Netebu.