La contraseña sigue siendo lo único que separa a cualquiera de tu correo, de tu web y de tu banco. Y sigue siendo lo peor cuidado. Estas son las tres cosas que de verdad importan, y no son las que suele contar todo el mundo.
Lo primero: no repetirlas
Es más importante que la complejidad. Una contraseña buenísima usada en diez sitios se convierte en diez problemas el día que se filtra uno. Y se filtran: los robos de bases de datos de servicios grandes son constantes.
La prioridad es que el correo tenga una contraseña única. Con el correo se recupera el acceso a todo lo demás; si cae, cae el resto.
Lo segundo: largas, mejor que raras
Durante años se pidieron contraseñas cortas y con símbolos. Se ha demostrado que eso genera contraseñas difíciles de recordar y fáciles de adivinar, del tipo P4ssw0rd!. Hoy la recomendación es la contraria: una frase larga, de cuatro o cinco palabras que solo tengan sentido para ti. Es más segura y no se olvida.
Lo tercero: un gestor de contraseñas
Nadie puede recordar cuarenta contraseñas distintas, y ahí es donde empieza la repetición. Un gestor las guarda cifradas y tú solo memorizas una. Es la única forma realista de tener una contraseña distinta en cada sitio.
Y el que más rinde: doble factor
Activar la verificación en dos pasos donde se pueda —correo, banco, panel de cliente— hace que la contraseña, por sí sola, ya no baste. Es la medida que más protege por lo poco que cuesta activarla.
Señales de que hay que cambiarla ya
- Te avisan de un acceso desde un sitio raro.
- Tus contactos reciben correos tuyos que tú no has mandado.
- Una cuenta de tu dominio empieza a enviar mucho más de lo normal, que casi siempre significa que está comprometida.
En tu panel de Netebu puedes cambiar la contraseña de tus cuentas de correo cuando quieras: cómo se hace.
Basado en la información divulgativa del INCIBE, reescrito por el equipo de Netebu.